Heredar al revés
Me han regalado un móvil nuevo. No importa porqué. Y mi madre ha heredado el viejo. Es curioso, ya no se hereda como Dios manda. Hace un par de años, cuando me decidí a comprar una pantalla de plasma, mi padre heredó mi estupendo televisor de tubo, y ahora que este portátil ya va lento en internet es posible que lo hereden ellos también. Ahora se hereda hacia arriba pero ¿hasta donde? Porque la historia lleva trazas de seguir. Me he fijado en que la batería del nuevo móvil de mi madre empieza a fallar, de hecho ya pasa más tiempo enchufado al cargador que en el bolso de mi madre. Funciona perfectamente pero, poco a poco, ese móvil se está transformando en un teléfono fijo. Y mi madre se lo ha contado a mi abuela, que nunca quiso móvil porque decía que lo perdía, pero ahora que el móvil se ha hecho fijo puede que la cosa cambie. Todo apunta a que mi abuela podría heredar ese móvil. Entre otras cosas porque llamar desde su fijo a nuestros móviles le sale muy caro. Ya está decidido. El móvil de mi madre se lo queda la abuela; y a ella le doy el que tengo yo ahora porque a mi me van a dar otro con los puntos. ¿Qué tal se llevará mi viejo móvil, que tiene ya las teclas borradas, con esos dedos lisos, casi sin huellas dactilares, que tienen las abuelas?
Menos mal que, por ahora, esto sólo pasa con el cacharrerío tecnológico. Imaginad la sabiduría, que de siempre se ha heredado pacá, heredada pallá. Imaginad el conocimiento pasando de hijos a padres, de padres a abuelos… y el siguiente paso ya es complicado. Los abuelos contarán lo que recuerden a los bisabuelos que puedan encontrar y… Huy, qué miedo da el futuro. Yo creo que los abuelos se están dejando las huellas dactilares lisas para asesinar un día a toda la chavalada y empezar de cero sin tanta tontería.



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