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Archive for Mayo, 2009

Heredar al revés

Por admin, el Mayo 22nd, 2009, en .

Me han regalado un móvil nuevo. No importa porqué. Y mi madre ha heredado el viejo. Es curioso, ya no se hereda como Dios manda. Hace un par de años, cuando me decidí a comprar una pantalla de plasma, mi padre heredó mi estupendo televisor de tubo, y ahora que este portátil ya va lento en internet  es posible que lo hereden ellos también. Ahora se hereda hacia arriba pero ¿hasta donde? Porque la historia lleva trazas de seguir. Me he fijado en que la batería del nuevo móvil de mi madre empieza a fallar, de hecho ya  pasa más tiempo enchufado al cargador que en el bolso de mi madre. Funciona perfectamente pero, poco a poco, ese móvil se está transformando en un teléfono fijo. Y mi madre se lo ha contado a mi abuela, que nunca quiso móvil porque decía que lo perdía, pero ahora que el móvil se ha hecho fijo puede que la cosa cambie.  Todo apunta a que mi abuela podría heredar ese móvil. Entre otras cosas porque llamar desde su fijo a nuestros móviles le sale muy caro. Ya está decidido. El móvil de mi madre se lo queda la abuela; y a ella le doy el que tengo yo ahora porque a mi me van a dar otro con los puntos. ¿Qué tal se llevará mi viejo móvil, que tiene ya las teclas borradas, con esos dedos lisos, casi sin huellas dactilares, que tienen las abuelas?

Menos mal que, por ahora, esto sólo pasa con el cacharrerío tecnológico. Imaginad la sabiduría, que de siempre se ha heredado pacá, heredada pallá. Imaginad el conocimiento pasando de hijos a padres, de padres a abuelos… y el siguiente paso ya es complicado. Los abuelos contarán lo que recuerden a los bisabuelos que puedan encontrar y… Huy, qué miedo da el futuro. Yo creo que los abuelos se están dejando las huellas dactilares lisas para asesinar un día a toda la chavalada y empezar de cero sin tanta tontería.

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¿En qué casa vivirías?

Por admin, el Mayo 22nd, 2009, en .

Llevo tres años buscando piso pero no me decido. Y el tema urge porque ahora mismo vivo en un piso de cuarenta metros cuadrados mal contados, de hecho están tan mal contados que no son cuarenta, son cuatro. Y no son metros, son centímetros. Y ni siquiera son cuadrados, creo que son redondos.

Pero no es fácil decidirse. Imaginemos dos pisos exactamente iguales, mismo tamaño, precio, distribución, forma, calidades… en dos edificios distintos. Uno de ellos bellísimo, patrimonio de la humanidad y emblema de la ciudad, y el otro horrible, hortera y de mal gusto. Y ambos enfrentados, situados uno frente al otro. ¿En cuál preferirías vivir?

¿En el bonito o en el feo? Ten en cuenta que los pisos por dentro son iguales y que la única diferencia son las vistas. Si eliges el bonito cada vez que te asomes a la ventana tendrás delante un edificio horrible, hortera y de mal gusto, sin embargo si decides vivir dentro del feo cada vez que te asomes a la ventana tendrás ante ti un edificio bellísimo, patrimonio de la humanidad y emblema de la ciudad.

No es fácil decidir. Tener un balcón bello a ojos del que te mira, pero que al asomarte te pone delante de algo más horrible que un langostino de nylon. O vivir en el langostino, asomarte a sus ojillos negritos y redondos como pepitas de sandía, y ver ante ti a un balcón precioso con un señor asomado que no sabes si te envidia o te compadece.  ¿Qué prefieres hacer con la belleza, dime, poseerla o disfrutarla?

Ojalá encontrar un piso fuera tan sencillo como responder a esa pregunta.

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Los pies (allí donde empezó todo)

Por admin, el Mayo 22nd, 2009, en .

Existen unos pequeños seres de los que, poco a poco, nos hemos ido distanciando: los pies.

Cuando nacemos nos llevamos muy bien con los pies. Los bebés, cuando están en la cuna, se dan besos en los pies, les dan la mano… Es como si se saludaran a sí mimos pero por el otro lado, como si aún no tuvieran claro qué va ser lo de arriba, la cabeza o el culo. El bebé te mira desafiante, como diciendo: “Pues yo le doy la mano al pie. Hazlo tú, a ver si hay huevos”.

Al final, a los pies les toca abajo. Nosotros vamos creciendo, la estatura se nos sube a la cabeza y los pobres pies se van quedando allí lejos. Cada vez que hay que bajar a hacer una gestión a los pies da mucha pereza. Ponerse los calcetines, atarse los cordones… Cuando uno se ducha, raras veces se frota los pies. Te frotas el pecho, los brazos, el cuello, miras para abajo, ves que toda el agua jabonosa va cayendo en los pies y piensas: “No hace falta que me agache. Ya con eso llega”.

Cada año que pasa, nos separamos más de ellos. Dicen que la distancia hace el olvido, de hecho, ¿alguna vez os habéis fijado en los pies de los abuelos? Es como si estuvieran abandonados. Para mí que ya no se acuerdan de que tienen pies.

Sin embargo, a lo largo de nuestra vida los pies no dejan de hacer cosas para llamarnos la atención. Un día vamos caminando descalzos por casa y el dedo meñique se lanza de cabeza contra la pata de la cama. ¿Para qué? Para llamar nuestra atención. Otro día al pie le da por generar caviar. Y si ve que no le hacemos caso, el pie se duerme. ¡Aunque sea de día! Es un fenómeno fascinante cuando se duerme un pie. Es como si en las venas, en vez de sangre, tuvieras agua con gas. Notas las burbujitas.

El pie quiere jugar, como cuando bajamos a cortarnos las uñas, que el pie nos las lanza disparadas para que las busquemos, como el que le lanza una pelota a un perro. Lo que pasa es que es imposible encontrarlas, pues las uñas tienen forma de bumerán. Una uña sale disparada, la ves, sigues la trayectoria, calculas dónde puede caer, pero a mitad de camino vuelve y te rompe los esquemas. Es como cuando haces que lanzas una pelota a un perro, pero en realidad no la lanzas.

Los podólogos son los únicos que dedican tiempo a los pies. Son tíos raros. ¿Para que necesitan la bata blanca? ¿Qué parte del pie creen que les va a salpicar? Un tío que corta uñas de los pies no necesita una bata blanca, necesita gafas de protección. Los podólogos ven todas las cosas que hacen los pies, sobre todo, los pies de las chicas, que hacen cosas muy raras. ¿Por qué el dedo meñique de las chicas tiene filo? Están afilados como cuchillos, no deberían dejarlas subir a un avión con esos dedos. Creo que las chicas, cuando no las vemos, patinan descalzas sobre hielo, por eso cuando se acuestan tienen los pies tan fríos. Eso, o es que las venas sólo les llegan hasta los tobillos.

Los pies llaman nuestra atención para demandar cariño. Un día estás calzándote un mocasín, metes un dedo de la mano a modo de calzador para que entre el zapato, y el talón te lo aprisiona. ¿Para qué? Para que no te escapes, para estar un ratito con nosotros.

Deberíamos prestar más atención a los pies y a los zapatos. Si lo hiciéramos nos daríamos cuenta de que los zapatos y los pies dicen mucho de la economía y la salud moral de este planeta. En este mundo sólo hay dos tipos de países, aquellos en los que hay más pies que zapatos y aquellos en los que hay más zapatos que pies.

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