Ya te has buscado en Google y has mejorado tu presencia online. Pero sigues teniendo hambre de comunicación. Para quien ya mantenga un blog, disponga de ‘photostream’ de Flickr y se haya abierto cuentas en todas las redes sociales, y sobre todo, para quien ya se haya animado a montar un videoblog, el paso siguiente es la emisión en directo; 24 horas al día si te parece oportuno. Ted Turner lo hizo con la CNN hace casi 30 años. Ahora, tú también puedes.
Algunos de los servicios que llevan la delantera en el ’streaming’ para la gente corriente son Ustream y Justin.tv. Ambos son gratuitos, pero mientras que el primero ha lanzado un servicio ‘premium’ con una marca diferente, el segundo ofrece cuentas ‘pro’ con algunas atenciones especiales. Pero ya se sabe: no vamos a pagar por esto.
Una alternativa es Mogulus, que tras un inteligente cambio de nombre, ahora se llama Livestream. Como los demás, la versión gratuita incluye anuncios en la emisión y una calidad de hasta 500 Kbps, mientras que la versión de pago te libra de los anuncios y ofrece calidad de “alta definición” -bueno, o algo así- de hasta 1,7 Mbps. Queda a elección de cada uno, según criterios tan dispares como aspecto del ‘player’, frecuencia de la publicidad… o cortes de señal por minuto.
Y ahora viene lo difícil: superar la inenarrable parálisis ante el puntito rojo. Tener algo que decir. Algunos retransmiten conferencias, utilizan el servicio como ‘webcam’ permanente en su lugar de trabajo o apuntan al cielo. Otros miran fijamente a la microcámara y disparan sus pensamientos. Opciones hay muchas, pero cada uno decide con qué frecuencia renueva sus quince minutos de fama televisiva.
En el mundo digital, el ‘egosurfing’ es el equivalente de mirarse en el espejo: solo lo hacemos para corroborar nuestra belleza -o nuestra importancia, en este caso-, y los resultados nos suelen decepcionar. Esta práctica consiste en preguntar a los buscadores cuánto saben de nosotros. Como siempre ha sucedido, la vanidad no se lleva bien con la justicia. Pero desde hace un tiempo, también existen los ‘retoques’.
Muchas veces, nos ‘googleamos’ y comprobamos que no somos únicos sobre la faz de la Tierra. Hasta hace algún tiempo, yo era el Negredo favorito de Google, pero comenzó a despuntar Álvaro Negredo, el futbolista de la U.D. Almería también conocido como ‘la fiera de Vallecas’, y me desplazó hasta la tercera posición.
Ahora, cualquiera que me busque por el apellido encontrará mi cuenta en twitter en la primera página, pero tendrá que irse hasta el final de la tercera para dar con mi antiguo blog. Si añadimos el nombre, el resultado es un poco mejor, pero quizá no suficiente. Para solucionar tal problema se han inventaron los Google Profiles, que dada la importancia de la compañía de la ‘beta permanente’, pronto pueden convertirse en el Documento (inter)Nacional de Identidad online.
Estos perfiles dieron los primeros pasos hace un tiempo, pero ha sido en las últimas semanas cuando han ampliado sus funciones de forma decisiva. Google comienza disculpándose: no mostraremos nada que tú no nos hayas dicho que mostremos. Si optamos por exponernos al mundo -más aún de lo que ya estamos-, podremos añadir fotos, introducir una pequeña biografía e información de contacto, enlazar a nuestros otros perfiles -esto tiene un nombre precioso: ‘identidad distribuida’-, o incluso mostrar nuestra localización. Google lleva mucho tiempo hablando de cada uno de nosotros. Ahora, por primera vez, nos pregunta cómo queremos que nos presente. No está mal.
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