Gramola 2.0: Spotify es para todos
Spotify, conocido por algunos como “el Esputi”, es como tener un iTunes con las canciones de todo el mundo. Para los rezagados, hay que recordar que, como casi todos los servicios que merecen la pena, está en fase beta -tranquilos; Gmail también lo está, y no falla nunca… o casi-, y se accede mediante invitación o aquí. El modelo de negocio es el de siempre: gratis con anuncios, de pago sin anuncios. Yo soy de no pagar, aunque me lleve algún susto de vez en cuando con la publi.
La variedad es apabullante, si uno logra olvidarse de los grupos que son un poco raritos en la gestión de sus derechos. No están los Beatles, ni tampoco Led Zeppelin ni Pink Floyd, pero sí los Rolling Stones y casi todos los llenaestadios, estrellas ‘indies’ y artistas más o menos conocidos. Bueno, también hay acceso a los artefactos de Bibi Andersen, Leticia Sabater y Víctor Ullate; es lo que tiene la exhaustividad.
Uno de los aspectos más interesantes es la posibilidad de acceder a singles, caras B y versiones en directo a los que solo los muy ‘fans’ -del grupo, del P2P o de ambos simultáneamente- tenían acceso hasta ahora. Los usuarios de last.fm echan de menos los descubrimientos de música nueva y el carácter social, pero dos prestaciones de Spotify vienen a llenar estos huecos: para cada artista existe una ‘radio’ en la que se pinchan músicos de estilo similar, y las ‘playlists’ enlazables y abiertas permiten compartir hasta el aburrimiento.
El ilustre bloguer Ignacio Escolar publicó una lista colaborativa -’Banda sonora para Esperanza Aguirre‘- en la que se han ido recopilando temas como ‘Tengo un trato’, de La Mala Rodríguez (“lo mío pa’ mi saco”), la inquietante versión de la 9ª de Beethoven de la B.S.O. de ‘La naranja mecánica’, o ‘Buscando problemas’ de Tequila. No faltan tampoco las canciones de espías y una pachangada de un tal Valentín Losantos. Pero yo reconozco que soy más de poner una sola canción y repetirla cientos de veces. Nostalgia de las radiofórmulas.



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