Mi ferretero
A mí lo que de verdad me gusta son las ferreterías, aunque no la sección de clavos y tornillos ?sí la de brocas-. Cuanto más pequeñas, además, mejor, al contrario de lo que me pasa con los museos esos en los que están todas las obras puestas tan juntas unas a otras que hay que descansar los ojos mirando al medio y al final lo que más te acaba gustando es el medio: ?¿qué tal el MOMA? Bien, 18 centímetros entre marco y marco. Había una jefa de sala muy guapa, encima?. Los museos tendrían que exhibir sólo una obra cada vez y si hace falta hacer copias para llenar el resto de salas y que no se apiñe la gente en un solo sitio. Se hacen copias y punto, que nadie anda pidiendo escuchar el acetato original del Blonde On Blonde de Dylan, nos conformamos con la copia y listos y tan contentos. Hay mucho esnobismo, eso es lo que hay. Y ganas de arrejuntarse viendo un cuadro y que te vean que has estado en el Louvre en Semana Santa, que es cuando la gente del mundo decide ir al Louvre. Con lo que se disfruta en esas ferreterías pequeñas, como Ferretería Sanz en calle Mayor, que te suena el móvil, haces un gesto raro, le pegas con el codo a un pasapurés, tira una manga pastelera y te cae encima de la cabeza un paellera, antiadherente, eso sí. El dueño de Ferretería Sanz, incluso, es un genio. Tendrá del orden de 12.000 referencias diferentes amontonadas en menos espacio del que necesita Barceló para extender sus pinceles y cuando le pides algo concreto no le tiembla la voz, arrima la mano y te lo saca en un acto reflejo, ni piensa, es algo sin parangón. Me dirán ustedes que eso es porque lleva 40 años en el mismo sitio y domina el tema, pero eso es mentira, miren si no a Gabilondo, que de vez en cuando aún se atasca cuando se le chafa la pantallica donde lee el guión y se aturulla. El ferretero ni pestañea, lleva el gen de la ferralla y el menaje de cocina agarrado al hueso, tanto que ya ni hace falta pedirle las cosas, sabe en cuanto te ve entrar por la puerta que lo que necesitas es un sacacorchos. Es, por tanto, un ser intuitivo, eficaz y rápido. Por eso es ferretero y no político.



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